• Ayana

El conocimiento de las emociones: la semilla de la inteligencia emocional

El mundo emocional empieza a desarrollarse ya en la etapa perinatal. Podemos ver a los bebés en los vientres maternos esbozar los primeros gestos, como sonrisas, vinculados a la expresión de estados físicos y emocionales. Es por este motivo que cuando los niños ya pertenecen a una primera infancia empieza a ser un buen momento para educar en el mundo emocional, tanto en las emociones propias como en las de los demás, ya que:

  • La estimulación y la educación en las emociones favorece un buen desarrollo global del niño.

  • El conocimiento de las emociones favorece el aprendizaje de conductas adaptativas en situaciones sociales, con lo que mejora las habilidades y conocimientos de códigos sociales al niño.

  • Aprender a identificar emociones ofrece al niño un mejor autoconocimiento, así como favorece el correcto desarrollo de la autoestima y la seguridad en uno mismo.

  • El conocimiento emocional ayuda al niño a tener una buena salud mental dado que la expresión de las emociones favorece la no aparición de síntomas asociados a bloqueos o conductas regresivas.

Como todas aquellas cosas que les enseñamos a nuestros hij@s, en una primera infancia, las figuras responsables de la crianza son los grandes espejos donde se miran nuestr@s hij@s. Así que la transmisión del conocimiento emocional es también en una parte nuestra responsabilidad como padres:

  • Hablar de nuestras emociones facilita que los niños quieran expresar las suyas: “mamá se ha puesto triste por qué no ha encontrado aquello que buscaba”

  • Poner palabras a estados físicos y emocionales cotidianos: “Hoy papá está muy cansado, tiene sueño”.

  • Es importante acompañar el estado emocional que estamos expresando con gestos que sean correspondientes (enfado con cara de enfado/ alegría con sonrisas…)

  • Utilizar apoyos visuales como cuentos donde aparezcan niños y emociones asociadas, nos facilitará el trabajo y conectará más a nuestro hijo con el conocimiento de las emociones.

  • Trabajar con emociones básicas (alegría, enfado, tristeza, miedo, sorpresa) en una primera infancia. Los estados emocionales complejos pueden confundir a los más pequeños, puesto que no se han posicionado en situaciones que les hagan sentir dichas emociones más avanzadas.

  • No existen emociones buenas o malas, todas ellas tienen una función adaptativa. Es importante que enseñemos a los niños a que acepten todas aquellas cosas que sienten de forma natural.

Estas píldoras de autoconocimiento que como padres y madres proveemos, favorecen la construcción de la inteligencia emocional, indispensable en el crecimiento de nuestros hij@s.