Sistémica
- Núria Gonzalo Tarragó-Neuropsicóloga clínica y cognitiva-Ayana
- 1 jun
- 2 min de lectura
No vivimos solos ni aislados. Estamos continuamente inmersos y formamos parte de diversos sistemas: el familiar, el laboral, el de pareja, el lúdico-social, etc. Queramos o no, de forma más intencionada e implicada o de forma más pasiva y distante, siempre somos una pieza de uno u otro engranaje.
El sistema, el grupo, el colectivo... al que pertenecemos cuenta con nosotros, y nosotros también contamos o tenemos en consideración a las demás piezas del engranaje. Como en un reloj, cada pieza (desde el tornillo más pequeño hasta la rueda dentada más grande) tiene su parte de responsabilidad para hacerlo funcionar y forma parte de él, engranada con las demás. En función de lo que haga cada uno, la maquinaria funcionará de manera más fluida y equilibrada o se producirán ciertos desajustes que, si son extremos, pueden hacer que el sistema se rompa o resulte dañado.
Afortunadamente, el objetivo de la terapia sistémica no es acabar en daño ni en ruptura. Lo que buscamos son ajustes que permitan nuevos engranajes y equilibrios dentro del sistema.
Reestructuraciones y cambios que resulten más saludables y armoniosos para el conjunto y para cada una de las piezas o miembros del sistema.
En terapia individual, cuando se produce un cambio en una pieza y este cambio es lo suficientemente sólido y estructural, no queda más remedio (para que el sistema continúe funcionando y no se bloquee) que las piezas que están engranadas a su alrededor también cambien y se adapten a esta nueva estructura. Por eso no es indispensable trabajar con todos los miembros del sistema para conseguir cambios y mejoras. No tenemos control sobre lo que hace, dice o piensa otra persona, pero sí sobre lo que hacemos, decimos y pensamos nosotros, y eso tiene repercusiones en los demás.
Si la demanda terapéutica proviene de dos o más miembros del sistema, entonces lo primero que hay que hacer es definir y consensuar bien la situación problemática sobre la que se quiere trabajar y sobre la que trabajaremos en equipo para alcanzar objetivos comunes. Aquí, más que la metáfora del reloj, prefiero utilizar el símil del equipo de fútbol. Lamine Yamal no marca solo los goles contra el equipo rival; necesita que le hagan un buen pase y que exista una estrategia de equipo. Su rival tampoco está entre quienes llevan los colores de su misma camiseta. Los miembros de su equipo son sus aliados para conseguir sus metas. Es con esta mentalidad con la que podemos salir al campo a jugar y hacer que se produzca la “magia” de que todo funcione.



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