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  • Núria Gonzalo Tarragó-Ayana

La pérdida

Las personas morimos, decidimos marchar, cambiar de lugar... Las cosas también pueden cambiar, transformarse, romperse... Y las situaciones o circunstancias que nos rodean, pueden acontecer totalmente opuestas o diferentes a cómo siempre las hemos conocido.

Son procesos de luto; una muerte, la ruptura de una relación de pareja, la pérdida de un objeto, una mudanza... Incluso cuando cambiamos una cosa vieja o rota por una cosa nueva o mejor, hay que hacer el duelo de aquello que ha pasado, que ya no está. A veces, hay que hacer un duelo y asimilar una pérdida, cuando el que sea o quien sea todavía está, pero ha cambiado tanto, que ya no parece el mismo.

El dolor viene a rellenar el vacío que ha dejado aquello que ha marchado y es un dolor tan intenso como fuerte era el vínculo con aquello que queda atrás. Pero dolor, no es lo mismo que sufrimiento. El dolor es inevitable, mientras que el sufrimiento es opcional. Porque no hay bastante en dejar que pase el tiempo, para transitar una pérdida. Si no quiero quedarme anclado en el sufrimiento, tengo que elaborar el duelo y hacer un trabajo de aceptación del cambio. No tengo que tener miedo de sentir y experimentar el vacío, para abrirme a lo que tiene que venir.

Date permiso para sentirte triste o vulnerable, descansa, no quieras evitarlo ni pasar demasiado rápido por estas emociones. No hay que estar todo el día conectado con ellas, pero dedícate algunos momentos en el día para estar solo contigo mismo y permitirte experimentarlo.

Confía en que tienes aquello que te hace falta para superar esta etapa. No eres el primero ni serás el último que pasa por eso. Tú mismo has pasado en otras ocasiones por adversidades y pérdidas.

Déjate ayudar y comunica a tu entorno lo que te va bien. Encuentra espacios y personas que te equilibren, que tú sientes que te hacen bien y pasa más tiempo compartiendo.

Levanta la cabeza, y aunque solo lo puedas hacer de vez en cuando, poco a poco, mira a tu alrededor. Se ha cerrado una puerta, pero hay otras puertas y ventanas necesitando de ti o esperándote para ser abiertas.

Acepta que no hay retorno ni vuelta atrás. La vida solo sigue en una dirección: hacia delante. Tienes muchos caminos, pero todos van hacia delante.

Que sepas que aquello que has vivido o has tenido, permanecerá siempre en ti. Compártelo, proyéctalo. Solo tú lo has tenido, solo tú lo has vivido. Siéntete afortunado, siente gratitud y comparte el aprendizaje, porque así garantizarás la perdurabilidad.

Respira.










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